- Alimentos ultraprocesados dificultan la pérdida de peso.
- Incluso si forman parte de una dieta equilibrada.
- Conoce los detalles y sus implicaciones para la salud pública.
Un estudio revela que, aunque sigas una dieta saludable, los alimentos ultraprocesados limitan la pérdida de peso. El hallazgo refuerza las advertencias sobre su impacto en la salud metabólica y la obesidad.
Refrescos, panes, barras de cereal y comidas listas para calentar. Todos tienen algo en común: son ultraprocesados. Se trata de productos industriales que estimulan artificialmente el apetito, y cuyo consumo, aunque frecuente y normalizado, puede ser contraproducente incluso dentro de un plan de alimentación equilibrado.
Así lo confirma un nuevo estudio del Centro de Investigación de la Obesidad de la Universidad Global de Londres, en Reino Unido, que demuestra que las dietas basadas en ultraprocesados son menos efectivas para bajar de peso que aquellas con alimentos mínimamente procesados, a pesar de que ambas estén equilibradas desde el punto de vista nutricional.
La investigación, liderada por el experto Samuel Dicken, se publicó en la revista Nature y analizó a 55 adultos durante ocho semanas. Un grupo siguió una dieta baja en ultraprocesados (como avena natural o espaguetis caseros), y otro una dieta rica en productos ultraprocesados (como barritas energéticas industriales o lasaña congelada). Luego, ambos grupos intercambiaron su régimen tras una pausa de cuatro semanas.
Ambas dietas seguían las recomendaciones de la Guía Eatwell, el estándar oficial del Reino Unido. Sin embargo, los resultados revelaron una diferencia importante: con la dieta baja en ultraprocesados, los participantes perdieron un 2.06 % de su peso corporal, mientras que con la ultraprocesada solo un 1.05 %.
Más calorías, menos saciedad
Pese a estar diseñadas para aportar los mismos nutrientes, la diferencia parece estar en el nivel de procesamiento y su impacto en la saciedad. “Aunque las dietas estaban nutricionalmente equilibradas, la forma y el procesamiento de los alimentos influyeron en la cantidad que comían y en la sensación de saciedad”, explicó Dicken en una conferencia de prensa.
Los voluntarios podían comer libremente la cantidad que quisieran. Extrapolando los resultados, los investigadores estiman que, en un año, una dieta mínimamente procesada podría llevar a una reducción del 13 % del peso corporal en hombres y del 9 % en mujeres, frente a una caída del 4 % y 5 % respectivamente con una dieta basada en ultraprocesados. Aunque estos cálculos son aún especulativos, advierten que la diferencia podría ser significativa a largo plazo.
Un estudio con limitaciones, pero revelador
Durante el periodo con alimentos mínimamente procesados, se perdieron más participantes del estudio: cinco abandonaron y otros dos no cumplieron el protocolo. Esto generó cuestionamientos entre especialistas. Jordi Salas-Savadó, catedrático de nutrición en la Universidad Rovira i Virgili, advierte que una pérdida del 20 % de la muestra “deja una zona gris”, aunque reconoce que se trata de un estudio “bastante completo”.
El equipo de Dicken asegura que la evaluación se hizo considerando a todos los participantes desde el inicio del ensayo, y que el abandono de algunos se debió a factores personales difíciles de controlar.
Etiquetas engañosas y entornos poco saludables
Un estudio previo del mismo equipo en 2024 ya había advertido que muchos productos ultraprocesados no llevan etiquetas rojas en el etiquetado “semáforo”, pese a sus altos niveles de calorías, azúcares, grasas saturadas o sodio. Esto revela que las etiquetas actuales no reflejan el grado de procesamiento de los alimentos.
En España, una investigación de 2018 reveló que el 20,3 % de los alimentos que consumen los ciudadanos son ultraprocesados. Para Salas-Savadó, esto plantea la necesidad de un cambio en las políticas públicas. “Si se genera más evidencia, habrá que pensar en políticas fiscales o en recomendaciones más estrictas desde las instituciones”.
La investigación en Reino Unido, con sus luces y sombras, vuelve a colocar a los ultraprocesados en el centro del debate: no basta con que una dieta sea “equilibrada”; también importa la calidad real de sus ingredientes.







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