- Trump se celebra a sí mismo en un discurso televisado.
- Marcado por exageraciones, datos cuestionables y una creciente crisis de popularidad en Estados Unidos.
- El discurso dejó más preguntas que certezas rumbo a un 2026 marcado por la polarización y las elecciones intermedias.
Washington.— Donald Trump recurrió este miércoles por la noche al formato reservado para las grandes ocasiones —el discurso televisado a la nación— para cerrar el primer año de su segundo mandato con un balance que estuvo marcado por exageraciones, medias verdades y afirmaciones desmentidas por los datos oficiales, en un intento por recuperar el control del relato económico en medio de la peor crisis de popularidad desde su regreso al poder en enero.
Durante una intervención de 18 minutos, pronunciada con un tono crispado e impaciente desde una de las salas de recepción de la Casa Blanca, el presidente insistió en presentar su gestión como un éxito rotundo, pese a que diversos indicadores económicos y encuestas reflejan un creciente malestar social, particularmente por el costo de la vida y la inflación, que se mantiene alrededor del 3%.
“Hace 11 meses heredé un desastre”, afirmó Trump al inicio de un discurso en el que volvió a responsabilizar a su antecesor, Joe Biden, de los problemas actuales, además de reiterar algunos de los ejes habituales de su retórica: ataques a la población trans, mensajes xenófobos, afirmaciones sobre guerras supuestamente concluidas y la narrativa de una “invasión” de criminales enviados a Estados Unidos por países enemigos.
Economía: discurso contra datos
Trump aseguró que el país pasó “de lo peor a lo mejor” en pocos meses y presumió los ingresos generados por los aranceles, aunque estos podrían ser revertidos si el Tribunal Supremo declara inconstitucional su política comercial. También sostuvo que el desempleo ha mejorado, pese a que los datos oficiales muestran un incremento de tres décimas respecto a la cifra heredada del gobierno anterior.
“La inflación está controlada, los salarios suben y los precios bajan”, afirmó el mandatario, en contraste con la percepción ciudadana y con el peor dato de paro desde 2021, dado a conocer esta misma semana.
El presidente tampoco escatimó en frases grandilocuentes: “Ahora somos el país más sexy del mundo”, aseguró, sin aportar evidencia alguna.
Promesas recicladas y anuncios nuevos
Aunque había prometido delinear las prioridades de su gobierno para 2026, Trump abordó el tema de manera superficial. Repitió promesas ya conocidas, como la eliminación de intermediarios en los subsidios de salud o una supuesta reducción de precios de medicamentos “hasta el 600%”, una afirmación matemáticamente imposible.
Entre los anuncios nuevos, habló de una reforma de vivienda “de las más agresivas de la historia” y de un pago único de 1.776 dólares a militares, bautizado como “el estipendio de los guerreros”, en alusión al año de la independencia estadounidense, cuyo 250 aniversario se celebrará en 2026.
Clima electoral y desgaste político
El discurso también tuvo tintes de arranque de campaña, de cara a las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre próximo, en las que los republicanos podrían perder el control del Congreso. Trump llega a esa cita con encuestas desfavorables, una base MAGA cada vez más impaciente y una economía que no ofrece los resultados prometidos.
Lejos de reconocer el malestar social, el presidente ha desestimado las críticas calificándolas como “un bulo demócrata”, e incluso ha llegado a evaluar la economía con un “A+++++”, lo que ha sido interpretado como desconexión con la realidad.
Sin declaración de guerra
La expectación era alta luego de que el comentarista ultraconservador Tucker Carlson sugiriera que Trump podría declarar la guerra a Venezuela. Sin embargo, el mandatario solo hizo una referencia tangencial a la presión militar y política sobre el régimen de Nicolás Maduro, en el contexto del combate al narcotráfico y el acceso a las reservas petroleras del país sudamericano.
El uso del discurso televisado —poco frecuente y tradicionalmente reservado para momentos trascendentales— contrastó con el contenido: un mensaje defensivo, cargado de autoelogios y poco espacio para la autocrítica, en un momento en que la economía y la polarización siguen marcando el pulso de Estados Unidos.







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