Bernardo Arévalo, de 65 años, ha juramentado como presidente de Guatemala en una ceremonia que estuvo marcada por intentos de sabotaje en el Congreso, reflejando las tensiones políticas en el país.
La investidura enfrentó retrasos prolongados y desacuerdos entre diputados, algunos de los cuales buscaron socavar el proceso, generando preocupaciones sobre el respeto a la voluntad popular expresada en las elecciones.
A pesar de los obstáculos, Arévalo, hijo del expresidente Juan José Arévalo, asume el cargo con la promesa de combatir la corrupción y frenar el autoritarismo en un país que ha experimentado desafíos judiciales y tensiones políticas. La situación en el Congreso, con intentos de bloquear la investidura, llevó a denuncias internacionales, incluido el respaldo de delegaciones y líderes como el presidente colombiano Gustavo Petro y el presidente chileno Gabriel Boric.
El apoyo internacional también se manifestó en una declaración conjunta de delegaciones presentes en Guatemala, respaldando la democracia y denunciando los intentos de interferencia en la investidura.
La ceremonia, que contó con la presencia de líderes internacionales, incluyendo al Rey de España y el presidente chileno, destacó el compromiso de Guatemala con la democracia y la justicia social.
A pesar de los desafíos y las tensiones, Arévalo, en su discurso inaugural, destacó la importancia de cerrar un «doloroso ciclo de crisis e incertidumbre» y dar paso a un nuevo amanecer para Guatemala.
Su gobierno se enfrenta a la tarea de abordar problemas estructurales y avanzar hacia una sociedad más justa, con la mirada puesta en la democracia y la lucha contra la corrupción.







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