En un sangriento episodio el viernes pasado, agricultores en Texcaltitlán, Estado de México, se enfrentaron al cartel de La Familia Michoacana en medio de una disputa por la extorsión.
El grupo criminal exigía cuotas a los agricultores, quienes se negaron a pagar debido a una mala cosecha. La confrontación se convirtió en una masacre, dejando 14 muertos y siete heridos, marcando otro ejemplo de la violencia incontrolada que afecta la región.
La población de Texcaltitlán ha vivido bajo el dominio del cartel durante años. En este último incidente, los agricultores se resistieron a las demandas de La Familia Michoacana, resultando en una brutal represalia.
Los informes sugieren que el cartel buscaba imponer cuotas anuales a los agricultores, cobrando por metro cuadrado de sus campos de cultivo. Ante la negativa de pago, se desató la violencia.
La disputa culminó en una masacre, donde tanto miembros del cartel como agricultores resultaron muertos. Las imágenes del enfrentamiento muestran a personas armadas, algunos con escopetas y otros con machetes, en un violento conflicto que dejó un rastro de sangre en una cancha de fútbol frente a una escuela primaria.
Entre los fallecidos se encuentra Rigoberto de la Sancha Santillán, alias «Payaso», presunto líder de La Familia Michoacana en el Estado de México.
El enfrentamiento también cobró la vida de Noé Olivares Alpízar, un respetado líder comunitario. La masacre ha sembrado el temor en la región, y los informes sugieren que el cartel está buscando represalias contra aquellos que desafiaron sus demandas.
Las autoridades han desplegado fuerzas federales en la zona para garantizar la seguridad, pero los residentes expresan temor y solicitan una presencia continua de las fuerzas de seguridad.
El Estado de México enfrenta un desafío persistente para controlar la violencia generada por el crimen organizado, y la reciente masacre en Texcaltitlán resalta la urgente necesidad de abordar esta creciente amenaza.







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