En las últimas semanas, Tabasco ha sido escenario de una creciente ola de violencia, con disputas territoriales entre escisiones de los cárteles Jalisco Nueva Generación (CJNG) y Los Zetas. Esta situación ha generado bloqueos, vehículos incendiados, balaceras y asaltos en varios puntos de la capital, llevando a la renuncia del Secretario de Seguridad Pública, Hernán Bermúdez Requena.
A pesar de las afirmaciones del gobernador de la entidad, Carlos Manuel Merino Campos, sobre la ausencia de cárteles de la droga en Tabasco, informes de inteligencia de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) sugieren lo contrario. Se identifican la presencia del CJNG, Los Panteras y el Cártel del Noroeste, con el CJNG extendiendo su influencia en más de la mitad del territorio.
La disputa entre Los Panteras, Pura Gente Nueva-Zetas y otras células locales ha trascendido a la población, provocando asaltos a negocios con el objetivo de infundir terror. Estos hechos desafían las afirmaciones de seguridad del gobierno local y plantean preguntas sobre la eficacia de la estrategia para abordar la creciente incidencia delictiva.
A pesar de las afirmaciones del secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval González, sobre la tendencia a la baja en la comisión de ilícitos en Tabasco, la realidad sobre el terreno plantea dudas sobre la eficacia de las acciones emprendidas hasta ahora. La llegada de 600 militares refleja la gravedad de la situación y plantea la interrogante de si estas medidas serán suficientes para restablecer la paz en la región.
La detención reciente de Benjamín Mollinedo Montiel, alias Pantera, líder del grupo delictivo Los Panteras, es un paso positivo, pero la persistencia de la violencia sugiere que el problema va más allá de la captura de un líder. La presencia de 14,281 elementos operativos no ha sido suficiente para contener la situación, lo que plantea dudas sobre la capacidad del estado para hacer frente a esta compleja realidad.
La situación en Tabasco resalta la necesidad de una estrategia integral que vaya más allá de la presencia militar, abordando las causas subyacentes de la violencia y promoviendo una verdadera colaboración entre sociedad y gobierno. La seguridad en Tabasco se perfila como un desafío significativo para las autoridades federales y locales, y su resolución requerirá un enfoque cuidadoso y coordinado.







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