- Migrantes atrapados en Tijuana enfrentan incertidumbre.
- Tijuana cuenta con 44 albergues con capacidad para unas 5,000 personas, pero estos espacios están desbordados.
- La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, insiste en que los encuentros diarios de migrantes en la frontera se han reducido.
La frontera entre México y Estados Unidos, específicamente en el cruce de El Chaparral en Tijuana, se ha convertido en el epicentro de la incertidumbre y el desconcierto para cientos de migrantes. Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, el 20 de enero, las políticas migratorias han dado un giro drástico, dejando a muchas personas varadas y sin claridad sobre su futuro.
Angelo Manzano, un venezolano de 34 años, llegó con una cita programada para el 22 de enero en el sistema CBP One, pero su esperanza de cruzar a San Diego se desmoronó.
“Solo pasaron las personas con turno a las 5 de la mañana del 20 de enero; el resto ya no pudo”, comenta con tristeza mientras permanece frente al puesto fronterizo.
Al igual que él, otros migrantes enfrentan la difícil decisión de quedarse en Tijuana, buscar trabajo o regresar a sus países, aunque muchas veces el retorno no es una opción viable.
Un panorama complicado para los migrantes
La comunidad migrante en Tijuana es diversa. Familias completas, como el matrimonio cubano de Caridad Hernández y Jorge Ramos, se ven obligadas a replantear sus planes.
“Vendimos todo para estar aquí. Ahora tenemos que buscar trabajo y establecernos”, explica Ramos.
Para algunos, quedarse en Tijuana representa una oportunidad. Josué Miranda, un salvadoreño que huyó de la violencia en su país, encontró estabilidad en el albergue Embajadores de Jesús, donde ahora tiene un negocio de comida.
“Ya no pensamos en ir a Estados Unidos. Aquí tenemos trabajo y seguridad”, asegura.
Sin embargo, la realidad no es fácil para todos. Tijuana cuenta con 44 albergues con capacidad para unas 5,000 personas, pero estos espacios están desbordados ante la llegada masiva de migrantes. Los recortes presupuestarios, como la eliminación del fondo de migralidad de 300 millones de pesos durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, han complicado aún más el panorama. “Es urgente que los tres niveles de gobierno trabajen en conjunto para atender esta crisis”, declara José María García, coordinador del albergue Movimiento Juventud 2000.
Deportaciones y endurecimiento de políticas
Mientras los migrantes esperan respuestas, las deportaciones desde Estados Unidos continúan. Según el Instituto Nacional de Migración, en El Chaparral se expulsa diariamente a entre 80 y 100 personas. La mayoría son mexicanos, como Abraham Carmona, un joven de 19 años originario de Jalisco.
“Te tratan como criminal, cuando lo único que quieres es trabajar”, dice con frustración.
El programa «Quédate en México» (MPP), que obliga a los solicitantes de asilo a esperar en territorio mexicano, ha intensificado la presión en ciudades fronterizas como Tijuana. Organizaciones como Save the Children han alzado la voz para priorizar la atención a menores migrantes, advirtiendo sobre el impacto que las políticas restrictivas tienen en las familias.
“Estas medidas solo incrementarán la clandestinidad y pondrán en riesgo a más personas”, alerta el sacerdote Pat Murphy, de la Casa del Migrante en Tijuana.
Un desafío para Tijuana y México
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, insiste en que los encuentros diarios de migrantes en la frontera se han reducido en un 75% desde diciembre de 2023. Sin embargo, el aumento interanual de migrantes en situación irregular supera el 100%, con más de 925,000 personas registradas hasta agosto. Ante este panorama, expertos coinciden en que Tijuana necesita una red de apoyo público más robusta para enfrentar esta crisis humanitaria.
Los migrantes no solo buscan cumplir el sueño americano; anhelan seguridad, estabilidad económica y un futuro digno para sus familias. Tijuana, aunque llena de retos, representa para muchos la esperanza de una nueva vida, lejos del miedo y la pobreza que dejaron atrás.







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