- Marco Rubio visitará México y Ecuador.
- En su reunión con Claudia Sheinbaum se prevé la firma de un acuerdo de seguridad, en medio de la ofensiva de Trump contra los cárteles.
- El encuentro ocurre en un momento clave, con Donald Trump endureciendo su postura contra los cárteles y la migración.
El Departamento de Estado de Estados Unidos confirmó este jueves la visita del secretario de Estado, Marco Rubio, a México y Ecuador del 2 al 4 de septiembre. Tal como adelantó la presidenta Claudia Sheinbaum, el funcionario se reunirá con autoridades mexicanas para firmar un acuerdo de seguridad, en medio de la ofensiva del Gobierno de Donald Trump contra los cárteles de la droga.
En un comunicado, Washington explicó que el viaje responde a “prioridades clave” de su agenda internacional: desmantelar los cárteles, detener el tráfico de fentanilo, frenar la migración irregular, reducir el déficit comercial, promover la prosperidad económica y contrarrestar a “actores malignos extracontinentales”.
El Gobierno de Trump ha reiterado que la protección de sus fronteras y la neutralización de lo que llama “amenazas narcoterroristas” son prioridades absolutas. En este contexto, Rubio llega a México con la intención de reforzar la cooperación bilateral y exigir una “distribución de responsabilidades” en materia de seguridad regional.
Cabe recordar que en junio pasado, Sheinbaum recibió en Palacio Nacional al subsecretario de Estado, Christopher Landau, en una reunión que calificó como “de cortesía”, pero que sentó las bases para este nuevo encuentro. En aquella ocasión, la mandataria mostró avances en temas de seguridad y migración, mientras que Landau aseguró que Washington buscaba “la mejor relación” con México.
Desde el inicio del segundo mandato de Trump, las relaciones entre ambos países han sido tensas, atravesadas por amenazas de aranceles, disputas comerciales y declaraciones sobre el combate al narcotráfico y la migración. La llegada de Rubio, que ya acumula cuatro visitas oficiales a América Latina desde que asumió el cargo, vista como un intento de reafirmar la agenda regional de Trump y fortalecer los vínculos diplomáticos en un momento de alta presión política.







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