- Intensifican lucha contra violencia en Sinaloa con más militares.
- Los enfrentamientos han evidenciado la necesidad de medidas más contundentes.
- Los habitantes, atrapados en medio de esta guerra, viven días de incertidumbre y temor.
La captura de Ismael «El Mayo» Zambada el pasado verano marcó un antes y un después en el panorama del crimen organizado en Sinaloa. Desde entonces, la violencia no ha cesado, convirtiendo al estado en el epicentro de un reacomodo sangriento entre las facciones del Cártel de Sinaloa: los llamados «Mayos» y los «Chapitos». Pese a los esfuerzos del Gobierno federal y estatal, la situación parece lejos de estabilizarse, dejando un rastro de muertos y desolación.
A la detención del capo se sumó un despliegue masivo de fuerzas de seguridad: más de 2,000 elementos llegaron al estado en julio, y recientemente se incorporaron otros 200. Sin embargo, las escaramuzas entre los cárteles persisten, alimentadas por la supuesta traición de los «Chapitos» hacia Zambada, quien ahora comparte celda con su viejo aliado Joaquín «El Chapo» Guzmán en Estados Unidos.
El secretario de Gobierno estatal, Feliciano Castro, ha reconocido que esta violencia no solo debe medirse en términos de homicidios, sino también en la lucha constante entre las «fuerzas fácticas». Por su parte, Omar García Harfuch, secretario de Seguridad, se ha instalado en Sinaloa, un claro indicador de la gravedad del conflicto.
Violencia desenfrenada y repercusiones políticas
La violencia desatada en Sinaloa pone a prueba la política de seguridad de la presidenta Claudia Sheinbaum. Los enfrentamientos han evidenciado la necesidad de medidas más contundentes no solo en Sinaloa, sino también en otros estados como Chiapas, donde se ha creado un grupo especial de reacción inmediata, o en el Estado de México, donde la Operación Enjambre busca erradicar la colusión entre funcionarios y el crimen organizado.
Sin embargo, los desafíos no se limitan al ámbito interno. La presión internacional, particularmente desde Estados Unidos, añade una dimensión política compleja. Donald Trump, presidente electo, ha intensificado sus amenazas de clasificar a los cárteles como organizaciones terroristas, exigiendo resultados más efectivos en el combate al narcotráfico, especialmente ante la crisis del fentanilo que azota a su país.
Mientras tanto, Sinaloa sigue siendo el escenario donde se define si las fuerzas del orden, la inteligencia policial y el Ejército pueden imponerse al poder del crimen organizado. Los habitantes, atrapados en medio de esta guerra, viven días de incertidumbre y temor.







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