- El asesinato de Bernardo Bravo sacude al campo.
- El presidente de los citricultores del Valle de Apatzingán hallado muerto con disparos en la cabeza.
- Denunciaba extorsiones a productores limoneros y señalaba la falta de gobernabilidad en Michoacán.
El asesinato de Bernardo Bravo Manríquez, presidente de la Asociación de Citricultores del Valle de Apatzingán, ha confirmado el temor que recorre el campo michoacano: denunciar las extorsiones del crimen organizado puede costar la vida.
El líder agrícola, conocido por sus denuncias públicas contra los cobros de cuota a productores limoneros, encontrado muerto con impactos de bala en la cabeza dentro de una camioneta Toyota Tacoma gris —propiedad suya— a un costado del camino Apatzingán–Tepetates.
Aunque contaba con tres escoltas y un vehículo blindado, ese día decidió prescindir de su protección. “No hubo pertenencias, no traía su celular ni su cartera. Solo lo acomodaron en el lado del piloto con el vehículo encendido”, declaró el fiscal de Michoacán, Carlos Torres, quien confirmó que la camioneta no era la que Bravo usaba para sus reuniones de trabajo.
🔍 Una ejecución que apunta a la infiltración criminal
El único detenido hasta ahora es Rigoberto López Mendoza, identificado por la Secretaría de Seguridad estatal como jefe de una célula de extorsionadores que opera en Apatzingán y que exigía pagos a los productores de limón. Al momento de su detención, portaba una credencial de la misma asociación que presidía Bravo, lo que abrió una línea de investigación sobre la infiltración del crimen organizado entre las organizaciones de agricultores.
La alcaldesa de Apatzingán, Fanny Arreola, confirmó que existe una preocupante mezcla entre el sector productivo y el narcotráfico:
“No hay una línea clara entre quién se dedica al crimen y quién al limón. Estas personas logran infiltrarse en las asociaciones, lo que desarticula los esfuerzos de organización del campo”.
El fiscal Torres añadió que López Mendoza pertenece al grupo Los Blancos de Troya, ligado al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y al grupo Los Viagras, ambos con fuerte presencia en la región de Tierra Caliente.
⚠️ Un líder incómodo para el crimen
Bravo, cuyo padre también fue asesinado años atrás, había recibido amenazas en varias ocasiones. Aun así, no dejó de denunciar la violencia, la corrupción y la falta de gobernabilidad que asfixian al campo michoacano. En septiembre, publicó en sus redes sociales:
“Mientras el Estado Mexicano no implemente una estrategia integral y eficaz para detener esta violencia, todas y todos seguiremos siendo víctimas de un entorno que limita nuestras libertades y pone en riesgo la vida cotidiana”.
Sus palabras resultaron premonitorias. Su muerte ha encendido las alarmas en la región y ha reavivado el miedo entre los agricultores que dependen del cultivo de limón, uno de los productos más rentables del país, pero también uno de los más controlados por las redes de extorsión.







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