Negligencia emocional en la infancia, un maltrato invisible con consecuencias profundas

por | 16/01/2024

La negligencia emocional hacia los niños representa una forma de maltrato que deja al menor desamparado en su mundo afectivo. Se manifiesta como la incapacidad de los tutores para satisfacer las necesidades básicas del niño, y en España, según Silvia Arcas, psicóloga en el Centro Integral de San Lorenzo, es la forma de maltrato más notificada, superando al maltrato físico, psicológico y abuso sexual.

Los datos del Registro Unificado de Maltrato Infantil de 2021 indican que la negligencia (42,75%) y la negligencia emocional (30,75%) suman el 52% de los casos de maltrato infantil. Las consecuencias para el niño son diversas y abarcan áreas como la hiperactividad, baja autoestima, depresión, problemas de conducta, bajo rendimiento académico y trastornos en el desarrollo social, cognitivo y del lenguaje.

La negligencia emocional se presenta como un contraste a la inteligencia emocional, siendo descrita por la psicóloga Tristana Suárez como un analfabetismo afectivo, donde los padres carecen de la capacidad para comprender sensaciones y sentimientos, incapacidad que transmiten a sus hijos. Esta falta de reconocimiento y comprensión afectiva lleva a los menores a dificultades para expresar emociones y puede derivar en problemas como ansiedad o estrés postraumático.

Arcas amplía la definición de negligencia emocional, abarcando situaciones de abandono, ignorancia y rechazo en las necesidades de apoyo, afecto, atención, y acompañamiento. La falta de atención médica o educativa también se incluye, como la ausencia de escolarización por absentismo.

La complejidad de la negligencia emocional, según Arcas, no puede asociarse únicamente a los perfiles psicológicos de los cuidadores. El estrés durante la crianza puede reducirse si se cuenta con recursos suficientes, ya sea económicos o una sólida red de apoyo profesional y familiar.

La negligencia emocional impacta fuertemente en los bebés, ya que durante los dos primeros años de vida, el niño regula sus emociones a través de la conexión afectiva con sus cuidadores. La negligencia en este periodo puede interrumpir el desarrollo cerebral y modificar estructuras cerebrales, según la psiquiatra Gemma Ochando.

En la adolescencia, los efectos de la negligencia emocional pueden traducirse en mayor susceptibilidad a adicciones y comportamientos violentos.

Ochando destaca que la negligencia emocional no solo implica desatención, sino también situaciones de sobreprotección que pueden generar problemas en el desarrollo madurativo, miedo e inseguridad. Esto puede manifestarse en dificultades para tolerar la frustración, baja autoestima y problemas en la toma de decisiones.

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