Internet, una vez un vasto y emocionante paisaje de descubrimientos y conexiones, parece haber caído en la monotonía y la repetición. Los algoritmos, que impulsan formatos idénticos y temas comunes, han despojado a la red de experiencias frescas.
El arrepentimiento de Aza Raskin, creador del scroll infinito en 2006, refleja cómo la dinámica adictiva puede dificultar el procesamiento de la información.
La sensación de soledad se ha apoderado de las redes sociales que antes abrían puertas a nuevas amistades. Plataformas como Facebook y Instagram se sienten desiertas, y TikTok, aunque llena de contenido, ha fragmentado la interacción humana. La jerarquía entre audiencia y creadores ha surgido, separando dos mundos que antes se mezclaban.
La confianza en las respuestas de Google también ha disminuido. El SEO ha dado prioridad a respuestas optimizadas en lugar de experiencias personales genuinas. La presión para crear contenido valioso ha aumentado, llevando a la pérdida de la espontaneidad y el humor que caracterizaban a la web.
La distinción entre verdad y mentira se ha vuelto difusa, impulsada por la proliferación de contenido generado por inteligencia artificial y deepfakes. La necesidad de afinar la vista y el oído se ha vuelto crucial.
La endogamia y autorreferencialidad prevalecen en la era actual, con algoritmos que mantienen a los usuarios dentro de las mismas plataformas. La falta de exploración y descubrimiento de nuevos contenidos y autores es evidente.
La autenticidad y la calidad se han vuelto escasas y costosas, con la suscripción y la escasez señalando el valor real en internet. La creación de newsletters de pago y la proliferación de muros de pago indican un cambio hacia la valorización del contenido de calidad.
En última instancia, internet ha convertido a las personas en máquinas de contenido, diluyendo la originalidad en una corriente insípida destinada a circular. La búsqueda de autenticidad y conexiones significativas es cada vez más evidente en un espacio digital que lucha contra la monotonía y la superficialidad.







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