La llegada del crucero Norwegian Bliss a Acapulco parecía ser un rayo de esperanza para la ciudad azotada por el huracán Otis en octubre pasado. Sin embargo, la realidad se impuso rápidamente cuando, apenas horas después del desembarque de los turistas, un taxista fue asesinado en la colonia Progreso.
Este incidente evidenció la cruda realidad que enfrenta Acapulco: la violencia y la desesperación persisten, desafiando la narrativa de una recuperación rápida.
Desde el paso del huracán, Acapulco ha experimentado una serie de desafíos que han eclipsado cualquier indicio de normalidad. Decenas de asesinatos, personas desaparecidas, enfermedades desatadas, y una población que depende de la ayuda humanitaria para sobrevivir pintan un sombrío panorama. A pesar de los esfuerzos del Gobierno por mostrar una imagen triunfalista de la reconstrucción, la realidad en las calles cuenta una historia diferente.
Las filas interminables para recibir electrodomésticos y alimentos, sumadas a la burocracia en la entrega de apoyos económicos, reflejan la lentitud y la frustración en la reconstrucción. Aunque el presidente López Obrador anunció inversiones millonarias, los testimonios de los afectados indican que los pagos no llegan y las promesas no se cumplen, sumiendo a muchos en un laberinto burocrático.
La acumulación de basura y daños en las instalaciones sanitarias ha desencadenado una ola de dengue, amenazando la salud pública. Además, el crimen organizado ha ganado protagonismo, extorsionando a quienes han recibido apoyos económicos y generando conflictos en el transporte público y los taxis, obligando a los militares y la policía a actuar como transportistas improvisados.
La gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, afirmó que el 85% del servicio de transporte se había restablecido, pero el asesinato de un taxista días después contradice estas afirmaciones.
La actuación de las autoridades locales ha sido criticada, y las protestas y bloqueos de carreteras en pueblos aledaños a Acapulco evidencian la desatención del Gobierno en estas áreas.
Acapulco se encuentra inmerso en una compleja realidad postapocalíptica, donde los desafíos persisten y la reconstrucción parece ser un camino largo y difícil.
La ciudad busca recuperarse no solo de los estragos del huracán, sino también de la violencia, la desconfianza en las autoridades y la desesperación que ha marcado su día a día







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