Las autoridades locales de la prefectura japonesa de Ishikawa han elevado la cifra de muertos a 94 y la de desaparecidos a 242, tras el devastador terremoto de magnitud 7.6 que azotó la región el pasado 1 de enero.
Las localidades más afectadas, como Wajima y Suzu, luchan por encontrar supervivientes entre los escombros de las viviendas colapsadas, con escasas esperanzas después de transcurrir más de 72 horas desde el sismo.
La Guardia Costera japonesa realiza operativos de búsqueda en áreas afectadas por el tsunami, con informes de posibles personas arrastradas por las crecidas del mar, que alcanzaron hasta 1.2 metros. Las tareas de rescate se ven complicadas por la posibilidad de réplicas intensas y las lluvias en la zona, que aumentan el riesgo de deslizamientos de tierra.
En Wajima, se reportan al menos 55 fallecidos, mientras que en Suzu la cifra alcanza los 23. Localidades como Hakui, Noto, y Anamizu suman más víctimas. El rescate de una octogenaria en Suzu, encontrada con vida bajo los escombros, brindó un rayo de esperanza en medio de la tragedia.
El despliegue de la Agencia Nacional de Policía (NPA) en la región asciende a 1,100 miembros, y las Fuerzas de Auto Defensa (Ejército) han duplicado sus efectivos, llegando a casi 5,000. Más de 30,000 personas permanecen evacuadas en 370 refugios, con aproximadamente 160 aún incomunicadas debido a daños en las carreteras.
La región enfrenta desafíos adicionales con más de 27,000 hogares sin electricidad y 68,000 sin acceso a agua. Este terremoto se presenta como el más devastador en Japón desde el de 2011, recordando la catástrofe que desencadenó un tsunami y provocó el desastre nuclear de Fukushima.







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