La gestión estatal de Miguel Riquelme Solís llega a su fin, dejando tras de sí algunos logros, como la reducción en las cifras de homicidios y denuncias por robo. No obstante, se vislumbran varios pendientes que se transformarán en retos para Manolo Jiménez Salinas, quien asumirá el cargo el primero de diciembre.
Uno de los desafíos críticos es el suministro de agua en medio de una crisis hídrica, con 19 de 28 acuíferos sobreexplotados. Esta situación no solo afecta el abastecimiento para la población, sino también para las empresas y nuevas inversiones, constituyendo un desafío prioritario.
Otro pendiente crucial es la inversión en infraestructura, ya que, a pesar de una inversión pública de 15 mil 361 millones de pesos en seis años, representa apenas un 4.6% del presupuesto del sexenio. En contraste, la megadeuda alcanza los 35 mil 313 millones de pesos, una carga que recaerá en la próxima administración.
Expertos señalan la necesidad de atención especial para zonas como el Centro y la Carbonífera, así como la importancia de desarrollar planes sostenibles para diversas regiones del estado.
La falta de enfoque en movilidad y la persistencia del ‘carrocentrismo’ constituyen otro tema crítico que el próximo gobierno deberá abordar y revertir.
En el ámbito social, el aumento de denuncias por delitos sexuales y violencia familiar durante los últimos seis años demanda una atención urgente. La falta de apoyo a mujeres víctimas, la insuficiente protección a la infancia y la ausencia de especialistas para abordar problemas de salud mental y tasas crecientes de suicidio requieren una acción inmediata.
Además, más de 3 mil familias de personas desaparecidas deberán ser atendidas por la nueva administración, con un incremento de más de 500 casos nuevos en el sexenio anterior.
Otro desafío apremiante es la ausencia de políticas de prevención de adicciones y la falta de espacios para la rehabilitación, especialmente ante el alarmante aumento en el consumo de cristal.







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